lunes, 6 de febrero de 2012

La sabiduría es la causa de la ignorancia.


La sabiduría es la causa de la ignorancia


Por: Alfredo Bullard Abogado
El título es evidentemente falso. Albert Einstein o Steve Jobs no pueden ser culpados del analfabetismo en el mundo. Todo lo contrario. Crearon oportunidades que nos sacan de la ignorancia.
Hace unos días un artículo del profesor Gonzalo Portocarrero, publicado en este Diario (“El espejismo de las rentas”, 1 de febrero del 2012) planteó una posición igualmente absurda. Sostuvo que la riqueza es la causa de la pobreza. Además, señala que la renta obtenida por las empresas mineras es también la causa de la corrupción y la inestabilidad política.
No me voy a detener en todos los errores económicos del artículo. Voy a ir al fundamento del mismo, de donde todos los demás errores son tributarios.
Escuché hace unos días una conferencia de Enrique Ghersi que grafica son claridad dónde está el error de Portocarrero y de otros con ideas similares.
Es absurdo buscar la causa de la pobreza, como es absurdo buscar la causa de la ignorancia. La pobreza y la ignorancia son incausadas. Ambas son el estado natural del hombre. Así aparecimos en la tierra. Nada causó ese estado. Al nacer estamos desnudos y somos ignorantes. Si luego de nacer no hacemos nada, permaneceremos en ese estado. Nada lo causó.
Por ello, si somos pobres, es porque no generamos riqueza. Decir que somos pobres porque somos ricos es como decir que somos flacos porque somos gordos, altos porque somos bajos o tontos porque somos inteligentes.
Lo que sí tiene causa (y causa conocida) es la riqueza. Si bien la pobreza no tiene causa, su desaparición sí. Lo que causa la desaparición de la pobreza es la riqueza, de la misma forma que lo que causa la desaparición de la ignorancia es el conocimiento. Quien diga que alguien es sabio porque se apropió del conocimiento de los ignorantes pertenece a la última categoría.
La causa de la riqueza es la creación de instituciones (como la propiedad, los contratos y la empresa) que premian e incentivan el esfuerzo y la innovación. Precisamente esas son las instituciones que los peruanos hemos creado los últimos años para fomentar la inversión.
La riqueza no es consecuencia de una simple operación aritmética de restar el costo del precio. Es al revés. Toda riqueza es la creación del esfuerzo y la innovación de alguien.
Portocarrero refleja la muy común y errada visión de creer que el mercado es un juego de suma cero en el que el más rico lo es porque alguien se hizo más pobre. La renta es, en sus términos, una riqueza que está allí flotando, que no se crea ni se destruye, solo de distribuye. Y lo que le molesta es que la distribución se dé por apropiación incausada. A partir de esa idea se deriva la interminable sucesión de errores de su posición.
Las mineras, como cualquier empresa, no se apropian de la riqueza. La crean. El oro, dentro del cerro, vale tanto como una piedra. Es la inversión, la tecnología y la organización productiva lo que permite ponerlo al alcance de quienes lo valoran y están dispuestos a pagar por él. Allí es donde la riqueza aparece en la escena. No antes.
Ese fue el mismo gran error de Raimondi al hablar del Perú como un mendigo sentado en un banco de oro. La riqueza no viene del banco. La riqueza será creada por los actos del mendigo, indiferentemente a si el banco es de oro, de piedra o de madera barata. Hasta que no aprendamos eso, seguiremos creyendo que crear riqueza es robar.